Friday, February 10, 2012
Ayer salgo del Metro de La California sabiendo que había un perrito que había salido de los andenes. Cuando estoy a una esquina de la casa de mi suegra miro hacia abajo y ahí estaba ella, paradita a mi lado. “¿Que me estás siguiendo, acaso?”, le preguntó, y sólo me miró. Me siguió completico hasta allá, le dimos comida y agua y, sobre todo, calorcito y cariño. Vimos que era una perrita; la llamamos Honey… como si ya fuera nuestra.
El niño que fui se habría muerto de felicidad de algo así. Pero el hombre que soy sabe que no la podía conservar. Pasó la noche en casa de mi suegra, y a la mañana siguiente la fui a buscar. Cuando me vio, la felicidad fue máxima: saltó, meneó su colita, jadeaba emocionada. Fuimos juntos a SOS Animal en El Llanito a dejarla. Mientras esperábamos, se encaramó en mi pecho, apoyaba su cabecita en mi hombro. “No me la hagas más difícil…”
Cuando la dejé, sólo le podía decir “lo siento, lo siento”… Me partía el corazón. Pero al menos allí, tenía la esperanza de hacer feliz a un niño, o a una persona mayor que necesitara una amiga. Tener un perro sólo porque quieres un perro es maldad, para ti y para el perro. Algún día Dios me terminará recompensando con un perrito que pueda dejar como parte de la familia. Pero hoy no fue ese día. Hoy Dios me mandó una perrita que pudiera rescatar de una vida muy dura, triste y quizá corta. Me conformo con eso.

Ayer salgo del Metro de La California sabiendo que había un perrito que había salido de los andenes. Cuando estoy a una esquina de la casa de mi suegra miro hacia abajo y ahí estaba ella, paradita a mi lado. “¿Que me estás siguiendo, acaso?”, le preguntó, y sólo me miró. Me siguió completico hasta allá, le dimos comida y agua y, sobre todo, calorcito y cariño. Vimos que era una perrita; la llamamos Honey… como si ya fuera nuestra.

El niño que fui se habría muerto de felicidad de algo así. Pero el hombre que soy sabe que no la podía conservar. Pasó la noche en casa de mi suegra, y a la mañana siguiente la fui a buscar. Cuando me vio, la felicidad fue máxima: saltó, meneó su colita, jadeaba emocionada. Fuimos juntos a SOS Animal en El Llanito a dejarla. Mientras esperábamos, se encaramó en mi pecho, apoyaba su cabecita en mi hombro. “No me la hagas más difícil…”

Cuando la dejé, sólo le podía decir “lo siento, lo siento”… Me partía el corazón. Pero al menos allí, tenía la esperanza de hacer feliz a un niño, o a una persona mayor que necesitara una amiga. Tener un perro sólo porque quieres un perro es maldad, para ti y para el perro. Algún día Dios me terminará recompensando con un perrito que pueda dejar como parte de la familia. Pero hoy no fue ese día. Hoy Dios me mandó una perrita que pudiera rescatar de una vida muy dura, triste y quizá corta. Me conformo con eso.

Notes

  1. xebatrocas said: Siempre habrá un perro esperando a un amo de buen corazón. Como el dueño de ésta no fuiste tú, en algún lugar está el perro que si formará parte de tus recuerdos. Ánimo y felicitaciones por la actitud.
  2. jaycerxsiempre posted this