Haberme alejado de Twitter fue como terminar con una novia que realmente querías pero te traía problemas con su familia.
Creo que lo que pasó fue que me puse demasiado cómodo en mi mundo digital, donde tenía un gran grupo de amigos y no tenía que lidiar con el mundo verdadero. Dios, qué geek soy…
En estos días he estado a punto en varias oportunidades de simplemente saludar y ya, decir lo mucho que los he extrañado, regodearme de los saludos cariñosos o de los esperados “¡Ah! ¿Es que te fuiste?”
Pero entonces, ¿cuál habría sido el punto de irme? La razón por la que me alejé es porque quería concentrarme en mejorar la vida real. No puedo decir que en un corto mes hayan habido cambios significativos en mi vida, como para que pueda disfrutar de mis conversaciones allí como es.
Pues nada, me quedan los blogs y este tumblelog. Espero que aún me sigan, y que de vez en cuando pregunten por mí por ahí. Ya volveré.
Sólo una madre podría querer esta cara. Aunque yo lo podría intentar. Una cerdita vietnamita enana en el zoológico Expanzoo. Sí, quiero uno.
Hoy es otro de esos días en que uno se encuentra ante un dilema tan serio que uno debe considerar las posibilidades planetadas por el futuro, que el mapa que te habáis trazado quizá no sea tan a lo GPS en precisión como una vez pensabas. No pretendo entrar en detalles, pues ya estoy como harto de ventilar toda mi vida en línea (supongo que ya no soy esa clase de bloguero ya), pero es un asunto del corazón.
Por eso es que estoy en este punto. Es cierto, yo siempre lo he dicho, uno debe adaptarse a la otra persona de una relación lo más que pueda. Y hay relaciones que han valido la pena lo suficiente como para que cualquier sacrificio lo valga. Pero luego de tanto tiempo, uno realmente debe preguntarse: ¿hasta qué punto uno debe tratar de cambiar su personalidad para continuar una relación?
Pues supongo que la única respuesta es, ¿cuánto de tu personalidad hay que cambiar para que esa relación funcione? ¿Y cuánto más has de dar tu brtazo a torcer?
Sólo dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana… y no estoy tan seguro sobre el universo.
— Albert Einstein
Hace una hora que esperaba. Su comadre y yo chateábamos por Gtalk. Y algo muy divertido sucedió: a las 2:06 de la tarde, ambos celulares recibieron un mismo mensaje. Y sin darnos cuenta, ambos nos enviamos las mismas dos palabras:
“Ya nacioooooo!!!”
Sip. Realmente nos llegó un tiempo tarde, obviamente, pues nació a la 1:49, pero qué importa. Llegó esta nueva personita a mi vida por vía de
un querido amigo que me dio el honor de nombrarme su padrino. Espero que Dios me de la sabiduría para ayudar a guiarla a ser una persona de bien, y que me ayude a educarla una buena cristiana.
Me aterra el hecho de tener esa responsabilidad, pero bueno, lo veré como preparación a mis propios hijos.
Así que… bienvenida al mundo, María Gabriela Torres Prato. Trataremos de que su estadía sea lo más placentera posible. :)